Hay imágenes que terminan definiendo una crisis. Y la que dejó Venezuela este fin de semana probablemente sea una de ellas: Diosdado Cabello participando en una ceremonia oficial para condecorar a rescatistas de Estados Unidos, el mismo país que aún lo mantiene bajo una recompensa millonaria.

El acto fue difundido por la Cancillería venezolana. Según el reporte oficial, Delcy Rodríguez entregó las medallas “Héroe de Venezuela” y “Héroes Caninos de Venezuela” a los contingentes estadounidenses USA 01, USA 02, USA 10 y USA 11, en reconocimiento por su labor de búsqueda y rescate tras los terremotos del 24 de junio. En la ceremonia también estuvieron Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y el encargado de negocios de Estados Unidos en Caracas, John M. Barrett.

NOCAUT A LA NARRATIVA

La escena tiene una primera contradicción evidente: el chavismo, que durante más de dos décadas construyó parte de su narrativa sobre la confrontación con Washington, terminó agradeciendo públicamente a equipos estadounidenses que llegaron a Venezuela para salvar vidas entre los escombros.

Pero la contradicción más incómoda no es solo del chavismo. También es de Donald Trump.

Porque mientras el discurso de Washington presenta a Cabello como una figura señalada por narcotráfico y represión, la política real de la Casa Blanca lo ha dejado operando dentro del nuevo tablero venezolano. El Departamento de Estado de Estados Unidos mantiene una recompensa de hasta 25 millones de dólares por información que conduzca a su arresto o condena. CBS News recordó en marzo que esa recompensa seguía vigente mientras Cabello participaba en reuniones oficiales en Miraflores con autoridades estadounidenses.

Reuters ya había explicado el dilema de la Administración Trump: tras la salida de Nicolás Maduro, Washington decidió apoyarse temporalmente en figuras del antiguo madurismo para evitar un vacío de poder, preservar el orden interno y garantizar sus propios intereses estratégicos. Entre esas figuras estaba Diosdado Cabello, a quien Estados Unidos veía al mismo tiempo como amenaza, posible objetivo y pieza de estabilidad.

Esa es la paradoja central: Trump no lo captura, no lo aparta del tablero y tampoco rompe completamente con él. Lo mantiene bajo presión, pero lo deja allí. Lo señala como objetivo, pero convive con su permanencia. Lo persigue en el papel, pero lo tolera en la arquitectura de poder que Washington ha decidido administrar en Venezuela.

La emergencia sísmica terminó haciendo visible esa contradicción. Estados Unidos desplegó equipos de búsqueda y rescate, envió asistencia humanitaria y asumió un papel central en la respuesta tras los terremotos. The Guardian reportó que Washington movilizó tres equipos especializados de búsqueda urbana y un fondo inicial de 150 millones de dólares, dentro de una respuesta definida por Marco Rubio como “rápida” y de todo el Gobierno estadounidense.

LA VERDAD SIGUE ESPERANDO

Mientras tanto, Delcy Rodríguez llegó a sus primeros seis meses al frente de Venezuela en medio de una crisis devastadora, bajo tutela estadounidense y con un país golpeado por dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5. El País reportó que Estados Unidos desplegó equipos de rescate, marcó prioridades de la respuesta humanitaria y reforzó su presencia en el país durante la emergencia.

La tragedia derrumbó edificios, pero también derrumbó certezas políticas. El chavismo tuvo que agradecer a Estados Unidos. Y Trump, que prometió máxima presión contra las figuras más duras del régimen, terminó administrando una transición donde Diosdado Cabello sigue allí: señalado, recompensado, tolerado y políticamente útil.

La pregunta que queda abierta no es solo por qué Diosdado condecora a rescatistas estadounidenses. La pregunta de fondo es por qué Trump, teniendo el poder de sacarlo del juego, decidió dejarlo todavía en la mesa.

En ese contexto, la imagen de Diosdado Cabello condecorando a rescatistas estadounidenses deja de ser una anécdota protocolar. Es una fotografía política. Una fotografía que muestra a un dirigente chavista históricamente enfrentado a Washington, pero también a un Trump que, por razones de cálculo, petróleo, estabilidad y control, ha decidido mantenerlo todavía dentro del tablero venezolano.


EL SECRETARIO DE ESTADO, MARCO RUBIO ASEGURA QUE LA POLÍTICA DE EEUU NO HA CAMBIADO CON RESPECTO A LA CAPTURA DE DIOSDADO CABELLO
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Justo NavarroPeriodista

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